¿ES POSIBLE UN ROMANCE ENTRE EL DERECHO Y LA CIENCIA?

Desde la academia norteamericana se ha postulado la posibilidad de acercar el derecho a la ciencia en el campo de la investigación. Se han previsto, por tanto, algunas posibilidades de lo que, aún de manera muy incipiente, puede considerarse una investigación científica del Derecho.

El profesor Thomas S. Ulen (2003) profesor de la Universidad de Illinois encuentra que existen algunas similitudes entre las actividades que realizan los científicos y aquellas que realizan los juristas. Se pregunta, entonces, si el estudio académico de la ley es científico o está en camino de volverse científico. Ulen encuentra que, aunque (desde el punto de vista del trabajo de los académicos norteamericanos) existen diversos elementos científicos en el análisis de la ley, quedan aún fuera dos elementos básicos de la aproximación científica al estudio del Derecho. El primero de ellos es la ausencia de un núcleo teórico o paradigma aceptado de forma universal. El segundo es la ausencia de estándares y métodos de verificación empírica y experimental. Para este autor, una característica común de las ciencias sociales y las ciencias naturales es que, en general, dentro de la comunidad científica existen teorías centrales que son comúnmente aceptadas y alrededor de las cuales se plantean nuevos desarrollos que son puestas a prueba con métodos de verificación igualmente compartidos por la comunidad dedicada a cada disciplina específica.

Piensa además este académico que el método científico ha estado implícito en la enseñanza legal de forma mucho mayor de la que comúnmente se piensa. Para Ulen el Derecho es “un sistema social de regulación promulgado e impuesto por los órganos legítimos de gobierno” (Ulen, 2003:894) en este sistema se incluye la determinación de lo que constituye una regulación legítima y como aquellos que pueden verse afectados por esta regulación responden a ella. También las formas en las cuales aquellos que están instruidos en el uso de estas regulaciones legítimas (abogados) se entrenan y operan dentro del sistema. De qué maneras las cortes, las legislaturas y las agencias de la función ejecutiva afectan la ley. Finalmente, también forman parte del sistema los métodos no gubernamentales de regulación (es decir la familia, y las normas sociales) su influencia en las conductas y su interacción con el sistema legal. Ulen cree que todo el mundo puede estar de acuerdo en esta definición del Derecho entendido como objeto de investigación y que, sin embargo, todos pueden estar en desacuerdo respecto de los métodos de investigación que pueden usarse y de las conclusiones innovadoras que pueden obtenerse. Considera Ulen (desde un punto de vista exclusivamente norteamericano) que es muy difícil la comunicación entre juristas de diversos países. En cambio, la comunicación entre científicos de naciones diferentes es fácil e inteligible. Pero fácilmente se ve que la perspectiva de Ulen es muy limitada y que, de acuerdo a lo que se ha dicho anteriormente, esto no es cierto en cuanto a los países que comparten el sistema romano germánico en los cuales, ideas, teorías, interpretaciones e incluso cuerpos legales completos (como el Código Napoleónico) se comparten, en un diálogo fluido, a lo largo de los siglos. Para ilustrar esta idea, y el consiguiente error del Profesor Ulen, basta el ejemplo reciente de un análisis de la casación que se realiza en una publicación de la Corte Nacional de Justicia (Ramírez, 2017). En este documento se demuestra que en el marco legislativo europeo Inglaterra, desde el punto de vista del “common law” y Francia desde el punto de vista del sistema romanista, han adaptado de manera coherente sus instituciones de apelación y casación para que concuerden con los compromisos que les impone la Convención Europea de los Derechos Humanos. De manera que, en la práctica es evidente que sí existen determinadas proposiciones teóricas que son compartidas por los juristas a nivel global. Ahora cosa muy diferente es que estas proposiciones teóricas puedan ser sometidas a experimentación. Pero, esto no quiere decir que estén lejanas a otros tipos de verificación empírica.

El mismo profesor Ulen propone algunos tipos de investigación científica del Derecho que pueden ser de utilidad, aunque insiste en que el Derecho se encuentra en un estadio muy temprano de desarrollo de estos métodos, existen signos de que este podría ser el camino futuro. En primer lugar, se encuentra la investigación sistemática de las resoluciones de las cortes cuyo objetivo último es tratar de hacer una predicción tanto objetiva como acertada de como un tribunal decidirá en una disputa determinada. A partir de aquí recuerda que la escuela realista norteamericana sugirió, en su momento, que las consecuencias de la ley deben formar parte de la evaluación de su utilidad. Si lo pensamos un momento encontraremos que esta forma de aproximación al estudio del Derecho es frecuentemente usada por los abogados en libre ejercicio. Frente a un caso determinado se examinan las resoluciones judiciales previas y los argumentos que se usan y revisado un cierto número se puede concluir con alguna certeza que el juicio será resuelto en una forma u otra. Cuando han pasado algún tiempo de vigencia de una determinada ley y se encuentra que las resoluciones de las cortes que la aplican resultan contradictorias e insatisfactorias para los usuarios estamos frente a una posibilidad evaluativa empírica de la norma que puede determinar su falta de méritos para continuar formando parte de la legislación. Tenemos pues aquí un método de investigación empírica del derecho: el análisis jurisprudencial que nos demuestra la línea de razonamiento de uno o varios tribunales en un punto de Derecho específico. De este método surge otro método empírico que puede investigar el nivel de satisfacción o insatisfacción de los usuarios de la administración de justicia con una determinada línea jurisprudencial a través de los recursos que se presenten sobre asuntos similares con fallos similares. Este método analizaría tanto el número de recursos como la analogía de los argumentos usados por el recurrente.

Ulen también postula como posibilidades de análisis empírico del Derecho la competencia entre el sistema jurídico y otros sistemas de resolución de conflictos. Esta competencia se demuestra empíricamente revisando, en un contexto conflictivo determinado, si los posibles usuarios del sistema de justicia prefieren otras formas de arreglar sus problemas porque ello redunda en menores costos. En nuestro país la práctica de la justicia indígena frente a la justicia estatal plantea importantes posibilidades de investigación.

Pensando en todo lo que se ha dicho se puede concluir con facilidad que, durante muchos siglos, el método de investigación propio del Derecho, al menos en los tribunales, es la dialéctica. Que en el sentido jurídico se aplica en la discusión racional en un marco procesal determinado que establece, a partir de argumentos, y de pruebas empíricas, la verdad de los hechos. Podemos perfectamente denominar, a esta forma de proceder el método jurídico. Este método es esencialmente argumentativo bajo una axiomática específica, pero para la determinación de los hechos que abonan a la argumentación, admite prueba empírica. En este sentido podemos considerar que cada juicio es una prueba experimental de la norma jurídica y de la teoría que la respalda. 

Carlos García Torres

PARA LEER

  • RAMÍREZ Carlos (2017) “Los medios de impugnación y la casación”, Diálogos Judiciales 5, Corte Nacional de Justicia del Ecuador, pp. 13-24
  • ULEN, Thomas S., (2003) “A nobel prize in legal science: theory, empirical work,and the scientific method in the study of the law” en University of Illinois Law review, Vol. 2002, Nro. 4, pp. 875-920.